María
Ocampo* es una mujer campesina del sur del Tolima víctima de la violencia sexual que ejercen los grupos armados ilegales
y legales en el conflicto armado con la intención de intimidar y ejercer un control sobre los pobladores y el territorio.
Poco después de que su esposo salió aquella mañana de la
casa para cumplir con sus labores en el campo, y mientras ella emprendía las tareas propias del hogar, un grupo de
hombres de la guerrilla de las Farc llegó hasta su vivienda y sin mediar palabra el jefe de la cuadrilla abusó
sexualmente de María en presencia de sus hijos. Otra mujer que se encontraba con ella también fue atacada sexualmente.
En la actualidad María intenta rehacer su vida en un territorio ajeno a su cultura, mientras
cicatrizan las heridas de un hecho atroz que la marcó a ella y su familia para siempre.
El caso, uno de los dos que tiene reportado la Dirección de Fiscalías en el Tolima, es materia
de investigación en la actualidad por parte de la Unidad Nacional de Derechos Humanos en Bogotá. Según
la Fiscalía los casos reportados fueron cometidos por las Farc y el Eln.
En
contraste con las cifras reportadas a la Fiscalía en el Tolima, y especialmente a su Centro de Atención Integral
de Víctimas de Abuso Sexual (Caivas) la Unidad de Atención y Orientación a Población Desplazada
(U.A.O.) reportó durante el año 2008 que ocho mujeres argumentaron como causa de su desplazamiento forzado haber
sido víctima de violencia sexual por actores armados ilegales.
A julio
de 2009 otras ocho personas reportaron la misma causa para su desplazamiento. La cifra va en aumento y el subregistro se presume
es muy alto.
A pesar que la Defensoría del Pueblo en el Tolima reconoce
algunos avances en el tema humanitario, como la reactivación del tema por parte del Comité Internacional de
la Cruz Roja (CICR) y otros organismos humanitarios y entidades del Estado y organizaciones con perspectiva de género,
también señala que la mujer sigue siendo lacerada por el conflicto armado.
Abortos
"Hemos sabido de algunas mujeres embarazadas que son raptadas por los ilegales y obligadas a
abortar, lo terrible es que luego esos hijos se los tiran a los perros (literalmente) es por eso que insistimos que la mujer
es una de las víctimas que más sufre y que permanentemente es revictimizada", advierte Santiago Ramírez,
Defensor del Pueblo en el Tolima.
Pese a la atrocidad de los hechos las denuncias
que se presentan son escasas. "El miedo y la presión ejercida por los victimarios hacen que la mujer prefiera
callar antes que denunciar; el temor a la estigmatización, la revictimización a la que son sometidas por su
círculo familiar y la sociedad, hacen que las mujeres en la guerra se conviertan en víctimas ocultas",
argumenta Nancy Janeth Garzón Reina, directora de Profamilia.
De acuerdo
con el texto Las Mujeres y la Guerra, publicado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Mayo de 2008,
la violencia sexual es también utilizada por los ilegales como un método de guerra para torturar, obtener información,
degradar y desplazar. "Cuando la integridad de la familia y la comunidad están ligadas a la 'virtud' de las mujeres,
la violación sexual puede ser una táctica deliberada de desestabilización de familias y comunidades",
dice el texto.
Herida que no cicatriza
El
rey en las zonas de conflicto donde se han denunciado casos de violencia sexual en contra de mujeres es el terror. La primera
carga que debe llevar una mujer que ha sido víctima de este flagelo es el trauma físico y psicológico,
en este último la severa depresión puede conducir a la mujer a reprimir su actividad sexual con su pareja, como
también la afectiva.
De acuerdo con Jorge Duque Rojas, psicólogo
de la Unidad de Atención y Orientación a Población Desplazada (U.A.O.) la víctima de violencia
sexual también puede llegar a tener un comportamiento represivo con sus hijas en la educación sexual.
"La violación puede no dejar heridas visibles en la víctima. Sin embargo, su trauma,
tanto físico como psicológico, puede ser atroz y prolongarse en el tiempo", señala de otro lado
el CICR.
Las víctimas del conflicto armado requieren de una atención
médica urgente para curar sus heridas y evitar infecciones sexualmente transmitibles. Las víctimas tienen garantías
para denunciar en Profamilia y el Caivas de la Fiscalía.
Ricardo Torres
Correa
EL TIEMPO